Alquiler
El camino de una consulta a un contrato firmado: oportunidades, reservas, fianzas, contratos, firma electrónica y renovaciones.
El embudo de alquiler
Cada consulta debería ser un registro, no una nota en un chat. El embudo es lo que hace previsible la ocupación.
- Oportunidad — alguien pregunta por una unidad. Anota quién, cuál y cuándo quiere entrar.
- Visita — una cita ligada a esa oportunidad, para que nadie duplique la misma habitación.
- Reserva — la unidad queda retenida. Una fianza hace real esa retención.
- Contrato — condiciones, servicios y fechas, firmado.
- Inquilino — el registro del ocupante, que sigue vivo tras la entrada.
Fianzas
Una fianza es dinero que custodias, no ingreso. Leasemble la controla aparte del alquiler justo por eso: hay que devolverla, entera o en parte, cuando termina el contrato.
- Registra la fianza en la reserva o en el contrato, nunca como un cobro ordinario.
- A la salida, descuenta lo debido y devuelve el resto. El descuento se convierte en una línea de factura y queda auditable.
- Las fianzas en custodia aparecen en los informes financieros como pasivo, no como ingreso.
Contratos, firmas y renovaciones
El contrato fija la unidad, el plazo, el día de facturación y los servicios con su precio. Desde su fecha de inicio, las facturas se generan a partir de él.
Los contratos se pueden firmar electrónicamente, de modo que la copia firmada vive con el registro y no en el correo de alguien.
Renovaciones
Renueva en lugar de volver a crear. La renovación mantiene el historial del inquilino, su fianza y su saldo a favor en la misma relación. Crear un segundo contrato para el mismo inquilino parte su historial en dos y complica los informes de deuda.
Cambiar a un inquilino de habitación es un traslado, no un contrato nuevo. El traslado arrastra la fianza y el saldo a favor.
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