Alquiler

El camino de una consulta a un contrato firmado: oportunidades, reservas, fianzas, contratos, firma electrónica y renovaciones.

El embudo de alquiler

Cada consulta debería ser un registro, no una nota en un chat. El embudo es lo que hace previsible la ocupación.

  1. Oportunidad — alguien pregunta por una unidad. Anota quién, cuál y cuándo quiere entrar.
  2. Visita — una cita ligada a esa oportunidad, para que nadie duplique la misma habitación.
  3. Reserva — la unidad queda retenida. Una fianza hace real esa retención.
  4. Contrato — condiciones, servicios y fechas, firmado.
  5. Inquilino — el registro del ocupante, que sigue vivo tras la entrada.

Fianzas

Una fianza es dinero que custodias, no ingreso. Leasemble la controla aparte del alquiler justo por eso: hay que devolverla, entera o en parte, cuando termina el contrato.

  • Registra la fianza en la reserva o en el contrato, nunca como un cobro ordinario.
  • A la salida, descuenta lo debido y devuelve el resto. El descuento se convierte en una línea de factura y queda auditable.
  • Las fianzas en custodia aparecen en los informes financieros como pasivo, no como ingreso.

Contratos, firmas y renovaciones

El contrato fija la unidad, el plazo, el día de facturación y los servicios con su precio. Desde su fecha de inicio, las facturas se generan a partir de él.

Los contratos se pueden firmar electrónicamente, de modo que la copia firmada vive con el registro y no en el correo de alguien.

Renovaciones

Renueva en lugar de volver a crear. La renovación mantiene el historial del inquilino, su fianza y su saldo a favor en la misma relación. Crear un segundo contrato para el mismo inquilino parte su historial en dos y complica los informes de deuda.

Cambiar a un inquilino de habitación es un traslado, no un contrato nuevo. El traslado arrastra la fianza y el saldo a favor.

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